Nueva Delhi vive “apocalipsis” de contaminación

Como cada año, Nueva Delhi vive estos días un temible episodio de contaminación atmosférica. Una bruma tóxica tapa el paisaje y se cuela en los apartamentos, las oficinas, las galerías del metro… El aire desprende un olor a quemado.

La megalópolis, que tose, expectora y jadea desde mediados de octubre, entró este lunes en el “apocalipsis”. Los niveles de polución se dispararon debido a la intensificación de las quemas agrícolas en las regiones aledañas.

La embajada de Estados Unidos registró a las 07:00 h de la mañana una concentración de partículas finas PM2.5 superior a 620 microgramos por m3 de aire. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no superar los 25 de promedio diario.

Los hospitales locales son testigos cada otoño de la llegada de legiones de pacientes que tosen y respiran con dificultad, un implacable recuerdo del grave prejuicio que la contaminación ambiental supone para la salud pública.

La polución es una maldición que, más allá de Nueva Delhi, afecta a casi todo el norte de India en esta época del año. El frío y la falta de viento mantienen a nivel del suelo las emisiones contaminantes, impidiéndoles que se dispersen.

La situación culmina a finales de octubre o principios de noviembre con las quemas de las regiones rurales del norte de India y de Pakistán. Los agricultores recurren al fuego para limpiar los campos de los residuos de la cosecha del arroz por un módico precio, a fin de poder plantar el trigo.

El punto máximo se alcanza generalmente durante la fiesta hindú de las luces en Diwali, que este año cae el miércoles, cuando el humo de millones de petardos espesa aún más un aire ya de por sí asfixiante.

 

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