Los tarahumaras que todo ganan y nadie apoya

Para muchos el mundo runner se ha convertido en una moda saludable que no solo les ha brindado una mejor calidad de vida, aunque ello implique invertir fuertes cantidades de dinero en el equipo necesario para un mejor rendimiento. Tenis, relojes especialmente diseñados para esta actividad, ropa y hasta aplicaciones móviles, son solo algunos de los infalibles completos para salir a correr cada 8 días.

Lejos de las grandes ciudades que cada fin de semana celebran carreras de 5, 10, 21 o 42 kilómetros, están las comunidades tarahumaras, que entre su población cuentan con un selecto grupo de corredores que no necesitan más que un par de huaraches y un modesto pero tradicional atuendo para recorrer distancias impensables con una resistencia envidiable.

Allá no cuentan con el apoyo del gobierno o grandes firmas que los patrocinen con un kit de competencia, ellos fabrican sus propias medallas que, dicho sea de paso, son unas de las más bellas del mundo y objeto de deseo entre los runners profesionales.

Desde competencias a nivel nacional, hasta representaciones en otros lugares del planeta, jóvenes y experimentados atletas rarámuris corren por gusto y sueños propios, como el caso de Hermilio Garcia Carrillo, quien espera poder llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Sin apoyo de alguna institución deportiva gubernamental, este joven de 20 años, originario de Noragachi, Chihuahua, cruzó la meta de la primera Carrera Tarahumara celebrada en la Ciudad de México en primer lugar, deteniendo el cronómetro en unos impresionantes 31 minutos y 24 segundos tras diez kilómetros recorridos.

Este logro de Hermilio es solo el impulso motivacional para seguirse preparando para alcanzar su principal meta: representar a México y su comunidad en los Juegos Olímpicos de 2020.

DE LA SIERRA A BOSTON

El año pasado, México vibró con la presencia de un corredor tarahumara en el considerado, por muchos, como el maratón más importante de todo el mundo, el celebrado en Boston, Estados Unidos.

Arnulfo Quimare corrió su primera competencia de 42 kilómetros en este evento, el cual, requiere un tiempo específico por parte de los participantes para poder inscribirse en él.

El orgullo rarámuri detuvo el reloj en 3 horas 38 minutos, muy lejos de los ganadores de la prueba, pero su verdadero triunfo fue la admiración de otros corredores que lo vieron ‘volar’ por las calles de Boston sin más que sus huaraches y sus tradicionales prendas.

LA LEYENDA RARÁMURI

Entre los corredores de velocidad, Usain Bolt es el máximo ejemplo a seguir; Michael Phelps es ícono dentro del mundo de la natación, y para los runners, Silvino Cubésare es considerado como una de las grandes glorias de la disciplina.

Silvino ya no se conforma con ganar carreras de 10 kilómetros o maratones, él va más allá, triunfando en ultramaratones que comprenden más de 100 kilómetros de trayecto a nivel internacional, como el recientemente celebrado en Francia, donde se adjudicó el primer lugar.

El orgullo generado por esta leyenda de la comunidad tarahumara no mereció un reconocimiento por parte de las instituciones deportivas con más renombre en México, aunque su logro no pasó desapercibido para el país, pues incluso fue ovacionado por una aerolínea al enterarse que el atleta viajaba en su avión; toda la tripulación y pasajeros aplaudieron su gesta.

ELLAS TAMBIÉN TRIUNFAN

El éxito de la comunidad tarahumara no se limita únicamente a lo que los corredores masculinos pueden lograr; las mujeres también forman parte del grupo de corredores que, sin más que sus bellos vestidos y su infalible par de huaraches, triunfan en competencias de alta exigencia.

En mayo pasado, María Lorena Ramírez, una joven rarámuri de 22 años, se llevó el primer lugar en el Ultramaratón Cerro Rojo celebrado en Puebla, donde superó a 500 atletas, entre los cuales había representación de 12 países.

La imagen de Lorena en el podio de ganadores se hizo viral no solo por postrarse en lo más alto del mismo, sino por un atuendo sin tenis de marca ni ropa especialmente diseñada para correr cómodamente grandes distancias, a cambio, presumía una colorida falda morada con flores rosas, una blusa verde y huaraches. Obtuvo 6 mil pesos de recompensa y nula mención por parte del gobierno.

La misma Lorena compitió en los 97 kilómetros de Tenerife, España, pero un fuerte dolor en la rodilla, le impidieron conquistar la montaña más alta de dicho país y la segunda de toda Europa, obligándola a retirarse tras 55 mil metros recorridos. De nuevo, su vestimenta se robó los corazones de los participantes en dicho evento.

Información de Milenio se utilizó para la realizacion de esta nota 

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