Con peras y manzanas: es mucho más que la gasolina

Tus tías, ésas que normalmente te comparten cosas como la Flor de la Abundancia por Whatsapp, ahora te andan llamando a una marcha nacional. Puede que sea mañana, puede que en dos semanas, en cada mensaje es distinta la convocatoria. Pero hasta ellas están enojadas. El motivo más reciente: el aumento a la gasolina en todo el país este mes, que se convertirá en otro aumento en febrero y con gran toda certeza en muchos más de aquí en adelante.

El llamado “gasolinazo” tiene a mucha gente en armas. En lugares tan diversos como Tijuana, Monterrey, Estado de México, Veracruz y Chiapas la reacción ha sido similar. Marchas, bloqueos, e incluso asalto a distintas pipas de Pemex. En los casos más extremos (en particular Estado de México y Veracruz), el ambiente de enojo por la gasolina ha derivado en saqueos de centros comerciales y tiendas de autoservicio, aunque es difícil saber si la conexión es directa. Sea como fuere, la última semana (apenas la segunda del año, por cierto) ha sido de las más difíciles del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto. Aunque se le puede achacar mucho al alza de la gasolina como factor de este enojo, no es la única causa.

Por ponerlo en términos simples: el “gasolinazo” es una de las tantas gotas que están a punto de derribar el vaso. Junto con la inseguridad, el narcotráfico, el poco crecimiento económico, la corrupción y ahora la falta de acción clara frente a Donald Trump, la gente ha vuelto a salir a las calles. Y no es para menos. El “gasolinazo” es buen momento para recordar por qué tanta gente está tan enojada.

Inseguridad y narcotráfico

Cuando Peña Nieto asumió la presidencia, la violencia en el país asociada a la guerra contra el narcotráfico (de la cual ya hablamos en una ocasión anterior) había aumentado a niveles que sólo podían compararse, valga la redundancia, a otros países que también estaban en guerra. Aunque en la campaña el presidente habló poco del tema (su propuesta bandera fue una gendarmería, la cual no resultó otra cosa que un grupo dentro de la Policía Federal), después creó una subsecretaría dentro de Gobernación para la prevención del delito. Misma que hoy ya no tiene presupuesto para operar debido al recorte del año pasado.

Más allá de eso, el gobierno federal no ha cambiado de actitud frente al narcotráfico, y sigue implementando la estrategia del gobierno pasado, aquella que ha demostrado en diversas ocasiones que no funciona. No por nada cuando se apaga un incendio en una parte del país brota uno en otra. Por ejemplo en Ciudad Juárez, que fue el epicentro de la violencia durante el sexenio de Calderón y ahora ha regresado a niveles de homicidios más bajos. Su lugar ahora lo tiene Colima, cuyo aumento de violencia, en particular homicidios, ha sido escalofriante.

Cada semana aparece un grupo nuevo del que no se sabía nada antes. Ahora son “Los Tequileros”, que realizan secuestros masivos en Guerrero, pero hace meses fueron “Los Rojos” y “Los Guerreros Unidos”, antes “Los Caballeros Templarios” y antes “La Familia”. Y esto es sólo en una pequeña parte del país. Pero como se deshace un grupo aparece otro. A pesar de que a nivel local la gente aprende a vivir bajo el dominio del narco, la realidad es que ninguna solución ha funcionado.

Economía

Algo que ha presumido el gobierno federal en turno es que México ha registrado varios años seguidos de crecimiento, en particular cuando otros países han tenido catástrofes económicas tan grandes (por ejemplo Brasil, que entre corrupción, Juegos Olímpicos, Mundial y mal manejo de finanzas, tiene la economía hecha trizas; de Venezuela ni se hable). Sin embargo, esto no se ve reflejado en el bolsillo de los mexicanos. El salario mínimo, que ha subido más que de costumbre durante los últimos años, igual sigue alcanzando para muy poco. Por ejemplo, en el caso de la gasolina, alcanza para llenar tres tanques de Magna al mes. En el caso de la canasta básica, no alcanza para completarla. Alguien que gana los 80 pesos mínimos de salario en México debe gastar la mitad de su sueldo para tan sólo comprar la canasta básica. Al mismo tiempo, los mexicanos son los que más trabajan (o más horas pasan en el trabajo, que son cosas distintas) según los datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) pero no los que más producen. De ahí el término “horas nalga”: no importa que ya hayas terminado tu trabajo del día, tu contrato especifica que tienes que cumplir ciertas horas en la oficina.

Y cómo no enojarse con un dato como el siguiente: el presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI), Basilio González gana, al mes, más de 2,700 salarios mínimos, o más de 170 mil pesos. Dinero que se embolsa por argumentar, entre otras cosas, que subir el salario mínimo perjudicaría a la economía mexicana.

Corrupción e insensibilidad política

Ni qué decir de este tema que no se haya hablado antes. La piedra angular de la mayoría de los problemas actuales es la corrupción. Desde el gobierno federal, en donde se acepta que un contratista le de a la esposa del presidente una casa debajo del precio del mercado y a plazos más favorables que los de un banco mientras el presidente dice que “es un tema cultural”, hasta los diputados y senadores, que mientras votan a favor del “gasolinazo” se autorizan vales para cubrir sus gastos de gasolina en coches para los cuales también tienen un presupuesto envidiable de mantenimiento, pasando por los consejeros del INE, que en tiempos económicos difíciles se regalaron un iPhone 7 plus cada uno y terminando en gobernadores y presidentes municipales que se robaron hasta lo que parecía imposible de robar. No es necesario decir salvo dos palabras más para resumir todo esto: Javier Duarte.

Prófugo, a pesar de que todo mundo sabía que se iba a escapar tan pronto pidiera licencia (los únicos que parecían no saberlo eran los funcionarios del gobierno federal encargados de investigarlo), Duarte le transó lana hasta a la persona que le boleaba los zapatos (no es exageración). Hoy se dice que está en Centroamérica, pero el gobierno mexicano no lo ha encontrado, a pesar de que cada semana dice estar cerca.

Con políticos tan insensibles que se llenan las bolsas de dinero (o en este caso de gasolina) no sorprende que haya tanto enojo. Mientras el costo de llenar un tanque ha subido alrededor de 50% durante los años de Peña Nieto, los únicos que no lo han resentido son aquellos que se han encargado de que el precio aumente. En las dependencias del gobierno no ha disminuido absolutamente nada, al contrario. Incluso cuando se ha anunciado que reducirán gastos para enfrentar una posible crisis económica, han hecho lo opuesto. Por ejemplo la presidencia de la república, que cada año gasta, en promedio, 60% más de lo que se le autoriza.

Por cosas como ésa es que la gente está tan enojada. No es sólo el precio de la gasolina. Cuando los ciudadanos ven que el gobierno no hace nada por ayudarlos, sino sólo para ayudarse a sí mismos y lo hace mientras el país se quiebra poco a poco, es que salen a las calles. Al grado de que es tu tía la que anda llamando a una revolución a través de una cadenita de Whatsapp.

 

Fuente: Sopitas

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